Por Dirk Hoffmann, 26 de Diciembre de 2011
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Del 28 de noviembre al 11 de diciembre tuvo lugar en Durban, Sudáfrica, la 17a Conferencia de la Convención sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas. Durante dos semanas representantes de 194 países han tratado de cumplir con el lema del país anfitrión de “Trabajar juntos para salvar el mañana hoy” (Working Together: Saving Tomorrow Today). Sin embargo, la siguiente frase describe mejor el resultado logrado: “ahora se ha pavimentado el camino a un mundo 4 (o más) grados más caliente, es el camino al desastre”.

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Hay básicamente dos maneras para ver los resultados de la Conferencia de Durban:

Por un lado, desde una perspectiva del proceso político de las negociaciones, observamos que mediante los buenos oficios de la Unión Europea, las habilidades y la astucia de su principal negociadora Connie Hedegaard, cuando la conferencia ya iba en su segundo día de sobre tiempo, la COP-17 llegó a un resultado, la “Plataforma de Durban”. Este resultado, en una lectura política significa que los países industrializados han podido doblar el brazo a los países en desarrollo, especialmente a las “economías emergentes”, principalmente China e India, aunque en menor medida también al Brasil y al propio Sudáfrica.

Repitiendo constantemente cuan importante es incluir a estos nuevos grandes emisores de CO2 en el mundo, se ha encontrado la formula de incluir a estos países en un próximo acuerdo, y de esta forma desviar la atención sobre los EE. UU., el país históricamente más responsable de las emisiones de CO2 a la atmósfera, y a las otras economías fuertes del mundo industrializado, como ser Canadá, Japón, Australia, Rusia y los países de la UE.

Absolución de los países del mundo industrializado

El Norte no ha hecho sus tareas, y ahora tampoco las tiene que hacer como precondición para que otros países le sigan. Los países históricamente más responsables del modelo industrial y de las emisiones de CO2 han sido absueltos de ir adelante en la gigantesca tarea de la mitigación de las emisiones.

Desesperados, los LDCs, los países menos desarrollados y la Alianza de los Países de Pequeñas Islas (AOSIS), no han visto otra alternativa que abrazar esta iniciativa de la UE, por que caso contrario es muy probable que la conferencia hubiera terminado sin ningún acuerdo.

En resumen, considerando la configuración de fuerzas a nivel global, en un esquema de realismo político o “realpolitik”, constatamos que se ha llegado al máximo resultado posible.

COP17 Durban Foto-2.jpg

 

Por otro lado vemos que, el cambio climático no es solamente un tema de política internacional. El cambio climático es el tema del futuro de la humanidad. El cambio climático tiene una base física, y esta no se negocia: Una cierta concentración de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera corresponde a una cierta temperatura global. Eso está ampliamente comprobado por la propia historia de la Tierra. En la medida que seguimos emitiendo CO2 y otros GEI, aumenta esta concentración, fortaleciendo el “efecto invernadero”, aumentando la temperatura y cambiando nuestro clima.

Para mantener el clima del planeta, a grosso modo, en el rango de los últimos 10 o 12 mil años, tiempo en que se desarrollaron todas las civilizaciones del mundo, las emisiones deberían llegar a su punto máximo entre 2010 y 2020 (según diferentes cálculos científicos) y luego bajar rápidamente.

Hay varios científicos que nos alertan de que debido a la inercia del sistema climático ya hemos pasado el punto de poder evitar “interferencias peligrosas con el sistema climático global”, que es el objetivo último de la Convención Climática (CMNUCC).

Frente a esta realidad, el postergar la reducción de emisiones a un “acuerdo con fuerza legal” que talvez empiece a tener efecto después del año 2020 es definitivamente demasiado tarde.

Bajo esta perspectiva, la “Plataforma de Durban” es un gran fracaso y una tragedia para la humanidad, la capitulación de una especie. La gran pregunta es ahora, ¿Cuántos cientos de millones de muertos vamos a tener que calcular para las próximas décadas, debido a las cada vez más frecuentes sequías, inundaciones, huracanes, falta de agua y escasez de alimentos?

En resumen, el reto del cambio climático se ha mostrado, una vez más, demasiado grande para los países del mundo reunidos en Durban en una “Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático”. Las voluntades políticas y los mecanismos existentes no están a la altura del reto. Hemos perdido una vez más un tiempo muy valioso.

Necesitamos urgentemente nuevos mecanismos, nuevas instituciones y una nueva ética global.

 

Hemos pedido una entrevista al jefe de negociación del equipo boliviano, René Orellana, sobre la posición boliviana en Durban y su apreciación de los resultados alcanzados que esperamos poder publicar en una próxima entrada al “Klimablog”.

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